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Tú y yo no necesitamos más tiempo.  Lo que necesitamos es entrar en acción. Un líder es aquel que ve una necesidad o siente una carga que muchos ven o sienten pero, a diferencia de todos los demás, el líder toma acción y busca hacer algo al respecto. Puede que cometamos errores al tomar acción pero siempre vamos a aprender más haciendo que esperando. Así que

  • empieza a estudiar,
  • apúntate para ese entrenamiento,
  • comparte tu idea/sueño con dos o tres personas que puedan aconsejarte,
  • empieza un blog,
  • toma el primer paso para empezar tu negocio,
  • involúcrate en esa área de tu iglesia,
  • atiende a las necesidades de alguien hoy,
  • pregúntale a tu jefe/pastor/líder cómo puedes servir y rendir más,
  • o cualquier otra cosa que sea pero ¡haz algo, por favor!

El mundo necesita líderes que tomen acción y así marquen una diferencia en su generación. ¿Qué esperas?

Pregunta para los comentarios: ¿Por qué nos cuesta tomar acción? Si eres muy valiente también puedes compartir qué es lo que realmente te gustaría emprender.

¡Gracias a todos los que votaron y opinaron por el nombre del nuevo blog! Como pueden ver por los resultados el nombre ganador se hizo ver claramente.  Lidera Hoy le ganó fácilmente a los demás.  Lo interesante es que ese nombre fue una de mis últimas ideas.  Pasé casi dos meses pensando de esto e investigando para encontrar nombres que estuvieran disponibles y Lidera Hoy era una de mis opciones pero no estaba entre las primeras.  ¡Gracias a ustedes cambié de parecer y creo que como resultado tenemos un nombre mucho mejor!

En las próximas semanas estaré preparando el sitio de Lidera Hoy y espero compartirlo con todos ustedes para inicios de abril.  Mi deseo es que juntos podamos formar una comunidad de personas que queremos honrar a Dios por medio de crecer en los dones de liderazgo que Él nos ha dado y así servir al mayor número de personas posible. ¡Gracias por ser parte de esta aventura!

Hoy uno de nuestros líderes me mostró que habían líderes que están desempeñando responsabilidades sumamente importantes en nuestro ministerio pero que se sienten solos y que cuestionan su importancia y su contribución a lo que estamos realizando porque nadie se ha tomado el tiempo para mostrar interés y expresar la importancia de la labor que están realizando.

Fue como una cachetada que Dios me dio para recordarme de la necesidad de que yo como líder muestre mi interés personal por aquellos que sirven bajo mí, tomándome el tiempo para saber cómo les va en sus áreas de responsabilidad, cómo se sienten y qué puedo hacer yo personalmente para servirles a ellos.

No es que yo tenga que ser el que brinda eso para todos los que sirven en nuestro ministerio pero sí tengo que crear un ambiente y establecer las responsabilidades claramente para que lo estén recibiendo.

Como líderes nos es demasiado fácil enfocarnos tanto en nuestras tareas y las cosas que hay que realizar y olvidar que las personas que están realizando las tareas son más importantes que las tareas que están realizando.

Parte de mi problema es que si ya sé que he descuidado a alguien o no le he dado lo que necesita, tiendo a sentirme mal y por ese sentimiento de culpabilidad evado a la persona. Es completamente ilógico porque solo estoy empeorando la situación pero es mi tendencia natural.

Recordemos que lo más importante que Dios ha puesto bajo nuestro cuidado no son proyectos ni ministerios ni sermones ni eventos ni campañas, sino personas y vamos a rendir cuentas por el cuidado que les damos.

¡Necesito tu ayuda!

Quiero lanzar una nueva linea de recursos de liderazgo y antes de ponerle nombre me gustaría escuchar de ti.   Por favor vota por el nombre que más te guste y si tienes otras sugerencias o ideas por favor inclúyelas en la sección de comentarios.

¡Gracias por tu ayuda! Dentro de una semana voy a revelar los resultados aquí mismo.

Piénsalo seriamente: ¿cuál te importa más, tu reputación o tu carácter? Por años (y desgraciadamente a veces hasta el día de hoy) le presté más atención a mi reputación que a mi carácter. ¿Por qué lo hacemos? En realidad es muy sencillo. Todos queremos vernos bien delante de los demás. El problema es que muchas veces queremos vernos bien aun cuando esa impresión es falsa y no concuerda con lo que realmente somos.

La reputación es lo que otros perciben y opinan de nosotros mientras que el carácter es quienes somos realmente. ¿Cuál pesa más?

En el presente, la reputación nos puede favorecer pero a la larga el carácter siempre le gana a la reputación. Ver artículo completo »

El liderazgo tiene una dinámica muy interesante. Casi siempre entramos a liderazgo porque tenemos una visión o un sueño que arde dentro de nosotros y nos motiva hacer lo que sea necesario para convertir ese deseo en una realidad.  Es una convicción que nos apasiona y nos inspira a acción.

Hace poco durante la alabanza en uno de nuestros servicios empecé a darme cuenta que estaba empezando a sentir nuevamente una pasión y un fuego por lo que Dios me ha llamado a hacer.

En mi vida, el sueño de ver a miles de hispanos sirviendo y amando a Dios, con familias fuertes y saludables e influyendo en la sociedad como sal y luz es algo que me inspira y me apasiona.  Ver artículo completo »

A veces pensamos que las cualidades más importantes del líder tienen que ver con su inteligencia, su habilidad para tomar buenas decisiones, su elocuencia, su carisma o su discernimiento del futuro. Sin embargo hay una cosa que es mucho más importante que todas esas: su corazón.

Heart Stop

Han habido tiempos en los cuales la condición de mi corazón ha contaminado mi influencia como líder. Recuerdo una de esas temporadas en mi vida. Era el mejor de los tiempos y a la vez era el peor. El futuro era sumamente prometedor pero al mismo tiempo carecía de felicidad. Estaba haciendo mucho más que en cualquier momento antes y todo parecía ser un éxito, y sin embargo, había una tormenta dentro de mí que opacaba todo lo bueno que estaba sucediendo a mi alrededor. El problema era muy sencillo: había soltado las riendas de mi corazón.

La Biblia dice muy claramente: “Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida.” (Proverbios 4:23). Conforme tú y yo pasamos por la vida con sus momentos inesperados, cambios y sorpresas, la clave no es tener el control de nuestra vida– eso sería como que el marinero tratara de controlar el viento y la marea. La clave es mantener una vigilancia diligente y cuidadosa de la condición de nuestro corazón.

Nuestro corazón es el timón que nos dirige por un rumbo u otro mientras atravesamos los altos y bajos de la vida. Los vientos soplarán; la marea subirá y bajará. La clave no es tratar de resguardarnos de esto. La clave es tener un corazón suave y sensible, abierto a las cosas de Dios y sin guardar ningún resentimiento hacia nadie. Cuando hacemos eso, podemos enfrentar todo tipo de tormenta y siempre salir adelante y navegar por encima de las circunstancias. De lo contrario, si nuestro corazón está resentido, amargado o contaminado de alguna otra forma, aunque no haya tormenta, nuestra influencia como líderes siempre va a acarrear contaminación. ¡Guardemos nuestro corazón! Pidámosle a Dios que nos ayude a mantenerlo sensible, humilde y abierto a corrección.

Pregunta: ¿Qué cosas hay dentro de tu corazón que pueden contaminar lo que de allí sale?

El autor y apologista cristiano C.S. Lewis dijo: “La iglesia no existe para ninguna otra cosa más que para atraer a los hombres a Cristo… Si no está haciendo eso, todos los edificios, clero, misiones, sermones y hasta la Biblia misma son un desperdicio de tiempo. Dios no se hizo hombre para ningún otro fin.”

¿Lo crees? ¿Lo practicamos como iglesias? Creo que demasiadas veces nuestras congregaciones se convierten en una fraternidad de cristianos compartiendo y reforzando nuestras propias experiencias espirituales pero olvidando que nuestra misión es atraer y alcanzar a los que no conocen el amor de Cristo de forma personal. El resultado es que nuestro vocabulario ya no habla a la realidad de los que no tienen nuestro entendimiento y nuestro trasfondo. Hablamos un idioma que entendemos entre nosotros pero cuando entra alguien que no ha sido parte de nuestro “club” o nuestra “fraternidad” no hablamos a su vida y por consiguiente nos sigue viendo como el “club” o la “fraternidad” de personas diferentes a ellos.

Es como que tuviéramos nuestro código y nuestros saludos secretos y no nos damos cuenta que lo que más quiere Dios es que hablemos precisamente a los que no han recibido la clave para descifrar ese código. Es por eso que la mayoría de personas que se unen a nuestras congregaciones son aquellas que ya habían tenido alguna experiencia espiritual antes de llegar a nosotros.

Jesús dijo que él vino para buscar y rescatar a los que se habían perdido.  Esa misma misión ahora nos la encargó a nosotros. Para cumplirla tenemos que entender que debemos mirar, entender y hablar más a los que no comparten nuestra experiencia y entendimiento espiritual que a los que ya han experimentado la presencia de Dios en sus vidas.

Para la salvación de muchos quizá sea necesario que al igual que Cristo nos “despojemos a nosotros mismos, tomando la forma de siervos, hechos semejantes a los hombres” (Fil. 2: 5-8) y nos esforcemos por hablar un idioma que entiendan los que no comparten nada de nuestro contexto espiritual.

¿Qué piensas?

Hoy quiero compartir lecciones que he aprendido al observar el liderazgo de Luis Palau.  Vivimos prácticamente en la misma ciudad y he tenido el privilegio de estar en actividades con él en múltiples ocasiones y cada vez salgo inspirado y motivado.

Luis Palau tiene décadas de consistencia en su vida cristiana, un matrimonio duradero, fruto visible en su vida familiar con hijos adultos comprometidos con las cosas de Dios y es un ejemplo para muchos de nosotros que somos más jóvenes y que queremos vivir una vida que honra a Dios y que impacta a muchos.

Aquí están seis lecciones que he observado en la vida de Luis Palau.

  1. Tiene como base su amor por Jesús. En sus mensajes, especialmente a líderes, siempre regresa a la base de estar “en Cristo” y de Cristo “en nosotros.” Espero que ese sea mi mensaje después de décadas de servir a Dios y a su pueblo.
  2. Trae energía contagiosa. Luis Palau puede ser el de mayor edad de todos los que se encuentran en un salón sin embargo SIEMPRE tiene una energía contagiosa que le gana a los más jóvenes. Un buen líder siempre trae energía y pasión a los que le rodean.
  3. Tiene muy buen conocimiento de la Biblia. Al escucharlo una y otra vez me doy cuenta que tiene memorizadas bastantes escrituras claves que son como anclas para su vida espiritual.  Nada puede reemplazar el conocimiento de la Biblia como punto de partida para nuestro liderazgo.
  4. Siempre es sumamente optimista. Sabe como reírse y hacer reír.  Bromea cariñosamente con cualquiera y se ríe de sí mismo. Parte clave de humildad es no tomarnos muy en serio a nosotros mismos.
  5. Es variado en su comunicación. Entiende muy bien el valor de conectar (usualmente con uso de humor genuino) con el lado personal de su audiencia antes de hablar a sus mentes y corazones.  Cuando la gente sabe que un líder es humano con corazón, todos están más dispuestos a abrir el suyo para recibir lo que el líder trae.
  6. Te inspira. Te hace sentir que tienes todo lo necesario para marcar una gran diferencia en tu mundo.  Es más importante mostrarle a la gente el tesoro que hay en ellos que impresionarlos con nuestro propio conocimiento o importancia.

Doy gracias a Dios por ejemplos como Luis Palau y creo que estas son seis cualidades a las cuales todos nosotros de las siguientes generaciones debemos aspirar.

Pregunta: ¿Qué podemos hacer para desarrollar estas cualidades?

Hoy es “el día del amor y la amistad,” día en el que celebramos uno de los regalos más grandes que Dios nos ha dado, personas con las que podamos compartir nuestras vidas. Este 14 de febrero quiero aprovechar para compartir con el mundo lo bendecido que soy por la esposa que Dios me concedió y quiero compartir algunas cosas que por experiencia y observación hemos aprendido que son vitales para un matrimonio feliz y realizado. No es como que Miriam y yo seamos veteranos ni expertos en cosas del matrimonio pero a pesar de haber pasado pruebas y momentos difíciles, somos muy bendecidos y muy felices.

El día de nuestra boda

Tres claves para un matrimonio envidiable

1. Ser positivos. Encuestas y estudios científicos han encontrado que el factor más común en matrimonios de larga duración y de mucha satisfacción es que son matrimonios en los que ambos se enfocan más en lo bueno y lo positivo que en lo negativo. El entusiasmo y la actitud positiva de una pareja resulta en una vida mucho más placentera y satisfactoria. Si quieres dañar tu matrimonio sé una persona que a todo le encuentra faltas y que siempre se ve como víctima de las circunstancias y las acciones de otros.

2. Ser “hombre de una sola mujer” en el sentido más estricto de la palabra y vice-versa. Hombres, está va un poco más para nosotros. Siempre van a haber mujeres atractivas y medios que nos querrán seducir para sus propios fines. No somos inmunes a eso y no podemos negar que existe. Pero eso no quiere decir que tenemos que prestarle atención. Nuestro centro de atención, nuestra mirada y nuestra admiración siempre tiene que centrarse en la mujer que Dios nos ha dado. ¡Ella es bella y ella es nuestra! :) No hay persona perfecta en el planeta tierra pero la esposa que Dios te dio es perfecta para ti y tú tienes que vivir con ella como el centro de tu deseo y tu modelo de perfección.

3. Realmente tener a Dios al centro. La pareja que tiene a Dios como su primera prioridad, siempre camina más unida. Conste que no estoy hablando de ser religiosos y ni tan siquiera “cristianos.” Estoy hablando de tener a Dios como su centro de atención. Hay muchos que tienen la religión y la tradición religiosa al centro de sus vidas pero con Dios relegado a un rincón. Un corazón apasionado por una relación personal con Dios es un corazón suave, sensible y moldeable y eso resulta en una buena pareja; no una pareja perfecta pero sí buena.

Conclusión: Me emociona pensar que Miriam y yo todavía tenemos toda una vida por delante para conocernos porque ¡soy el esposo más feliz del planeta! Pon en práctica estas tres claves y tendrás un matrimonio envidiable. Y si eres soltero(a) también puedes empezar desde ya a vivir estas tres claves. Recuerda, es mucho más fácil preparar antes que reparar después.

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