Hoy uno de nuestros líderes me mostró que habían líderes que están desempeñando responsabilidades sumamente importantes en nuestro ministerio pero que se sienten solos y que cuestionan su importancia y su contribución a lo que estamos realizando porque nadie se ha tomado el tiempo para mostrar interés y expresar la importancia de la labor que están realizando.

Fue como una cachetada que Dios me dio para recordarme de la necesidad de que yo como líder muestre mi interés personal por aquellos que sirven bajo mí, tomándome el tiempo para saber cómo les va en sus áreas de responsabilidad, cómo se sienten y qué puedo hacer yo personalmente para servirles a ellos.

No es que yo tenga que ser el que brinda eso para todos los que sirven en nuestro ministerio pero sí tengo que crear un ambiente y establecer las responsabilidades claramente para que lo estén recibiendo.

Como líderes nos es demasiado fácil enfocarnos tanto en nuestras tareas y las cosas que hay que realizar y olvidar que las personas que están realizando las tareas son más importantes que las tareas que están realizando.

Parte de mi problema es que si ya sé que he descuidado a alguien o no le he dado lo que necesita, tiendo a sentirme mal y por ese sentimiento de culpabilidad evado a la persona. Es completamente ilógico porque solo estoy empeorando la situación pero es mi tendencia natural.

Recordemos que lo más importante que Dios ha puesto bajo nuestro cuidado no son proyectos ni ministerios ni sermones ni eventos ni campañas, sino personas y vamos a rendir cuentas por el cuidado que les damos.