Hoy es “el día del amor y la amistad,” día en el que celebramos uno de los regalos más grandes que Dios nos ha dado, personas con las que podamos compartir nuestras vidas. Este 14 de febrero quiero aprovechar para compartir con el mundo lo bendecido que soy por la esposa que Dios me concedió y quiero compartir algunas cosas que por experiencia y observación hemos aprendido que son vitales para un matrimonio feliz y realizado. No es como que Miriam y yo seamos veteranos ni expertos en cosas del matrimonio pero a pesar de haber pasado pruebas y momentos difíciles, somos muy bendecidos y muy felices.

El día de nuestra boda
Tres claves para un matrimonio envidiable
1. Ser positivos. Encuestas y estudios científicos han encontrado que el factor más común en matrimonios de larga duración y de mucha satisfacción es que son matrimonios en los que ambos se enfocan más en lo bueno y lo positivo que en lo negativo. El entusiasmo y la actitud positiva de una pareja resulta en una vida mucho más placentera y satisfactoria. Si quieres dañar tu matrimonio sé una persona que a todo le encuentra faltas y que siempre se ve como víctima de las circunstancias y las acciones de otros.
2. Ser “hombre de una sola mujer” en el sentido más estricto de la palabra y vice-versa. Hombres, está va un poco más para nosotros. Siempre van a haber mujeres atractivas y medios que nos querrán seducir para sus propios fines. No somos inmunes a eso y no podemos negar que existe. Pero eso no quiere decir que tenemos que prestarle atención. Nuestro centro de atención, nuestra mirada y nuestra admiración siempre tiene que centrarse en la mujer que Dios nos ha dado. ¡Ella es bella y ella es nuestra!
No hay persona perfecta en el planeta tierra pero la esposa que Dios te dio es perfecta para ti y tú tienes que vivir con ella como el centro de tu deseo y tu modelo de perfección.
3. Realmente tener a Dios al centro. La pareja que tiene a Dios como su primera prioridad, siempre camina más unida. Conste que no estoy hablando de ser religiosos y ni tan siquiera “cristianos.” Estoy hablando de tener a Dios como su centro de atención. Hay muchos que tienen la religión y la tradición religiosa al centro de sus vidas pero con Dios relegado a un rincón. Un corazón apasionado por una relación personal con Dios es un corazón suave, sensible y moldeable y eso resulta en una buena pareja; no una pareja perfecta pero sí buena.
Conclusión: Me emociona pensar que Miriam y yo todavía tenemos toda una vida por delante para conocernos porque ¡soy el esposo más feliz del planeta! Pon en práctica estas tres claves y tendrás un matrimonio envidiable. Y si eres soltero(a) también puedes empezar desde ya a vivir estas tres claves. Recuerda, es mucho más fácil preparar antes que reparar después.

