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¿Quién fue el rey más famoso de Israel? David. ¿Cuál fue su momento más famoso? Cuando derrotó a Goliat. ¿Por qué se le presentó esa oportunidad? Porque estaba satisfecho con ser el repartidor de pan y queso para sus hermanos.

1 Samuel 17:17-18 Un día, Isaí le dijo a su hijo David: «Toma esta bolsa de trigo tostado y estos diez panes… Lleva también estos tres quesos…”

Todos los mejores líderes son felices sirviendo en la capacidad que se les asigne, sea visible a las multitudes o tras bastidores y aparentemente insignificante.

El que siente que solo hay ciertas responsabilidades que son “a su medida” no tiene madera de buen líder. A fin de cuentas Dios usa repartidores de pan y queso.

¿Eres feliz siendo el repartidor de pan y queso o crees que ya pasaste esas cosas y te ameritas ser puesto frente a Goliat? Piénsalo un rato. Si te molesta la pregunta, ya sé la respuesta.

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¿A quién no le gusta lo dramático y lo milagroso? A los seres humanos siempre nos llaman la atención las cosas que son fuera de lo normal.  Todos quisiéramos ser los beneficiarios de un milagro o al menos presenciarlo. ¿Quién no quisiera haber cruzado el Mar Rojo cuando fue convertido en tierra seca? ¿Quién no hubiera querido ser uno de los sobrevivientes de la raza humana a bordo del arca de Noé? ¿A quién no le gustaría ver lepra desaparecer, o un ciego ver o caminar sobre agua como que fuera tierra?

Pero en la Biblia no encuentro ni una instancia en la que un milagro convierte a alguien en líder.  Sí veo líderes que experimentaron milagros, pero no milagros que hicieron líderes.

Sin embargo, al leer los milagros de la Biblia, encuentro el mismo patrón repetido vez tras vez: instrucción…obediencia…milagro, instrucción…obediencia…milagro.

No es evidente en todos los casos y Jesús muchas veces simplemente hace el milagro pero piénsalo un momento. Moisés milagrosamente liberó a los israelitas de Egipto, pero las primeras palabras de Dios para él fueron, “No te acerques más… quítate tus sandalias…”.  Moisés tuvo que escuchar y obedecer y ahí empezó su camino hacia el milagro. Noé salvó a la humanidad y las palabras de Dios para él fueron, “Constrúyete un arca” y pasó 100 años obedeciendo esa instrucción antes de que fuera parte de algún milagro.  Naamán buscaba el milagro de ser sanado de su lepra y lo que recibió fue una instrucción de ir a zambullirse siete veces en el río Jordán. Se enojó y si no fuera por sus siervos no lo hubiera hecho y se hubiera perdido su milagro. Pedro caminó sobre el agua pero la palabra que recibió fue “¡Ven!” y de ahí tuvo que salirse de su comodidad y hacer lo ilógico en obediencia a esa palabra. El ciego que mendigaba en Juan 9 recibió su sanidad sólo después de que obedeció las instrucciones: “Ve y lávate en el estanque de Siloé”.

¿Por qué será que esta secuencia se da una y otra vez? ¿Será que es porque mientras nosotros buscamos el milagro, Dios está buscando nuestra transformación? Creo que es precisamente por eso. Al igual que un buen padre, Dios está más interesado en lo que pasa en mí que en lo que pasa para mí. Él quiere bendecirnos con buenos regalos pero Él sabe que lo que pasa en nosotros, perdurará más que lo que pasa para nosotros. A Dios le interesa más cambiarnos a nosotros que a nuestras circunstancias y el cambio interno sí resulta en mejores líderes mientras que el cambio externo simplemente resulta en mejores condiciones.

Esto significa que nuestra primera prioridad tiene que ser aprender a quitar la atención de lo que nosotros queremos de Dios y ponerla en lo que Él está pidiendo de nosotros. Y al discernir Sus instrucciones, tenemos que aprender a obedecerlas sin cuestionar.  Quizás la clave para el milagro que tú estás buscando está en que no busques el milagro sino que busques la voz de Dios y, diga lo que diga, la obedezcas.

Y quizás el milagro más grande no es lo que estás buscando, sino lo que ocurre dentro de ti mientras aprendes a escuchar y obedecer.

Pregunta: Lista los milagros que te gustarían ver. Ahora, ¿qué instrucciones te ha dado Dios últimamente? ¿Las estás cumpliendo?


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Cada uno de los escándalos de grandes líderes que han caído empezó con un poquito de duplicidad secreta.  Es cierto tanto con estrellas del deporte como Tiger Woods como con estrellas cristianas como Ted Haggard y estrellas empresariales como los ejecutivos de Enron y otros que engañaron a todos mientras ellos mismos se enriquecían.

En cada uno de estos casos, la imagen que intencionalmente proyectaban y reforzaban,  ¡hasta con los que eran más allegados a ellos! era contraria a quienes realmente eran.  A estos casos les llamamos escándalos porque:

  1. Eran estrellas (quizás fugaces pero anteriormente no lo sabíamos) con mucha visibilidad y
  2. Había una enorme discrepancia entre lo que aparentaban y lo que realmente eran.

Sin embargo, la realidad es que la semilla de estos y más escándalos grandes brotó de forma muy pequeña años antes de que todo saliera a luz.  Lastimosamente escándalos como estos se repiten todos los días.  Como no son ante los ojos de grandes públicos son menos visibles pero igual de dañinos para todos los que los rodean.  Cada uno resulta en historias de matrimonios dañados, hijos amargados y/o ministerios perdidos y a veces mucho más.

Al igual que tú y yo, cada uno de ellos tenía sueños y visiones para su vida, entre los cuales jamás figuró el plan de echar a perder su reputación, su matrimonio, su carrera o su ministerio.

¿Qué debemos hacer para prevenir que algo así suceda en nuestras vidas?

La primera lección que debemos tomar seriamente es que ninguno de nosotros estamos exentos de la posibilidad de un escándalo como estos.  La semilla se llama naturaleza pecaminosa y todos la traemos.  La pregunta no es si nos podría pasar a nosotros. Cuando “pasa” ya es demasiado tarde.  La pregunta es: “¿Qué estamos haciendo hoy para que esa semilla no encuentre lugar para germinar y crecer dentro de nosotros?” La destrucción de nuestros sueños y llamados empieza en el momento que le concedemos un rinconcito a la semilla fuera de la vista de otros.   Si no tratamos con esto inmediatamente lo que empezamos a hacer es poner fachadas para que otros no se den cuenta de lo que realmente hay.

A continuación comparto tres pasos que veo yo para tratar con lo que a diario destruye vidas, ministerios y hogares. Estos los he aprendido por experiencia personal y por el ejemplo de otros.

Advertencia: Esto no es fácil. Cada uno de estos pasos es muy blanco y negro y requiere humildad y fuerza de voluntad pero la alternativa es otro escándalo y si eso no es opción, entonces creo que no hay precio demasiado grande.

  1. Confiesa todo. Si hay cosas en tu vida que nadie conoce en su totalidad hoy mismo tienes que decidir que eso cambia a partir de hoy. Decide ahora mismo con quienes compartir tus secretos más oscuros.  Piensa de las dos o tres personas más maduras y ejemplares que te aman y ve y cuéntales.  Cuéntales de tus momentos más ocultos, oscuros y de mayor debilidad.  Usualmente son los más vergonzosos y por eso nos cuesta. Te advierto que probablemente en cuanto leas esto y empieces a pensarlo, tu mente y el diablo te van a empezar a inundar con pensamientos de “¿Qué van a pensar?… ¿será que todavía me van a querer o respetar si les cuento esto?” Si son personas que realmente te aman, te van a amar en el proceso y a la larga te van a respetar mucho más por tu integridad y transparencia.  Y lo mejor de todo, vas a vivir en una libertad que no has experimentado por mucho tiempo. No esperes más, ¡hazlo hoy!
  2. Ponle barreras permanentes a toda posible entrada de tentación. Con el consejo de las personas que te conocen en tu totalidad, establece parámetros y barreras que te mantengan lejos de tentación.  La meta no es ser lo suficiente fuerte y astuto para resistir la tentación, la meta es mantenerte lo más lejos posible de la tentación.  Esto puede significar cortar comunicación con ciertas personas, controlar tu acceso a internet, tener que rendir cuentas de dónde estás a toda hora del día, establecer políticas personales de con quienes te puedes reunir a solas, cómo viajas, cómo te hospedas cuando viajas, quién maneja tu dinero, etc. Estas políticas no son solo para ahorita cuando la cosa está caliente sino para el resto de tu vida.
  3. Toma pasos prácticos y serios para crecer espiritualmente. Cuando albergamos cosas ocultas en nuestra vida y luchamos con pecados secretos, nuestra vida espiritual siempre sufre.  El pecado que no sacamos a la luz limita nuestra habilidad de crecer espiritualmente.  Cambia rutinas para empezar a leer tu Biblia diariamente, memoriza escrituras que traten con áreas de debilidad y haz tiempo para orar.

Tú y yo nacimos con una naturaleza pecaminosa y vivimos en un mundo que busca consentir esa naturaleza dondequiera que vayamos.  Si estás dispuesto a “tomar el toro por los cuernos” y hacerle frente a tu realidad para que tu llamado, ministerio y trayectoria realmente sean de por vida, Dios te va a honrar y aunque puede ser muy doloroso el proceso no hay mejor día para empezarlo que hoy mismo.  ¿Estás dispuesto?

Pregunta: ¿Qué otras sugerencias prácticas tienes para vivir lejos del escándalo ?

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El líder y la valentía

Uno de mis retos para este año es crecer en la cualidad de valentía. Liderazgo requiere hacer cosas nuevas y probar cosas que nadie ha probado y eso exige valentía así que liderazgo sin valentía no es liderazgo.  Todos los que han logrado grandes cosas para Dios en algún momento tuvieron que sentir una carga o ver una visión y tener el valor para enfrentar la realidad actual y hacer algo para ver hecha realidad la visión.  Ninguna cosa grande se ha logrado para Dios sin valentía.

Piensa de estos momentos decisivos en las vidas de personas que Dios usó y piensa si no requirieron valentía:

  • Noé construyó el arca cuando ni llovía y ante las burlas de toda la gente
  • Abraham dejó su tierra, sus parientes y su comodidad por una palabra
  • Moisés compareció ante el faraón después de que mató un soldado egipcio y huyó por temor de que lo mataran
  • Rahab la prostituta dio refugio a espías enemigos y hasta resultó en la genealogía de Jesús
  • Josué tomó el lugar del gran líder Moisés y llegó a ser un gran líder
  • David le dijo al rey Saúl que él estaba dispuesto a enfrentar a Goliat cuando ni un solo soldado entrenado y armado se atrevía a enfrentarlo
  • Daniel y sus amigos no se postraron ante las amenazas de muerte
  • María aceptó la carga de ser la madre de Jesús y de salir embarazada cuando ni casada estaba

Sin valentía, no vas a poder cumplir los planes que Dios tiene para tu vida.

Pregunta: ¿Cómo está tu nivel de valentía? ¿Hay cosas que sientes que Dios te ha llamado a hacer pero no has tomado los pasos por temor?

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